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Capital de la provincia de su nombre, fue fundada por Juan Jufré, el 13 de junio de 1562, en el valle de Tucuna, región que fuera habitada por los indios huarpes. Reconstruida en su totalidad después del terremoto de 1944, posee amplias y monumentales avenidas, con edificios de construcción antisísmica, numerosas plazas y paseos públicos.
Diversas poblaciones florecientes se levantan en sus valles, verdaderos oasis entre los áridos desiertos de pedemonte, convertidos en fértiles vegas por una interrumpida labor de irrigación. En invierno principalmente durante los meses de julio y agosto brinda el magnífico marco de un espectáculo bellísimo: la nieve.
Con la llegada de la primavera, se sucede una transformación natural que impacta al turista: el deshielo. Al producirse éste el agua comienza a inundar los sedientos arenales, principalmente a través de los ríos Jáchal y San Juan y otros cursos menores.
En lo que respecta a la ciudad capital el escritor Arturo Capdevila la llamó Ciudad de las Estatuas por los diversos monumentos erigidos en memoria de importantes figuras como Sarmiento, de la Roza, Laprida, fray Justo Santamaría de Oro, entre otros.
Por lo tanto, San Juan que recostada sobre la alta cordillera andina, ofrece una espectacular visión de su paisaje de montaña, aporta toda la belleza de sus valles que hacen de esta provincia una de las más atractivas para el turista.
Ischigualasto
Las sierras y los valles centrales
El Valle de la Luna -llamado por los geólogos “cuenca Triásica de lschigualasto”- es una vasta depresión donde afloran una serie de antiguos sedimentos que pertenecen a un período geológico llamado Triásico, que duró unos 45 millones de años (entre 232 y 187 millones de años atrás, al comienzo de la era Mesozoica).
La tierra, que hasta entonces estaba habitada sólo por plantas e insectos, comenzó a ser invadida por los reptiles, que como no encontraron competencia, se multiplicaron y evolucionaron a voluntad.
Entonces el clima de la región era tropical húmedo y la vegetación debía ser abundante y frondosa. Los Andes no existían, ni tampoco el Famatina -que se ve desde algunos puntos del valle, hacia el NO-. Había lagunas y pantanos, cuya vegetación se transformó en los yacimientos de carbón que pueden verse al S del valle, donde aflora la más antigua de las tres series de sedimentos, llamada Formación Los Rastros. Aquí las rocas son verdosas, pardas y negruzcas, y relativamente pobres de fósiles.
El Submarino y el Gusano son formas de erosión trabajadas por el viento sobre rocas sedimentarias de este primer periodo. Muy lentamente, a través de millones de años, el clima y el paisaje fueron mutando, comenzó a llover menos, por un que drenaron la región. El viento erosionó las rocas y depositó nuevos sedimentos sobre las formaciones anteriores.
También la fauna y la flora mutaron: aparecieron las primeras plantas con semilla y una variedad de reptiles de tamaño modesto, como los Cinodonies y Dicinodontes - herbívoros que tenían algunas características propias de los mamíferos- y los Saurosuchus, carnívoros.
A este período corresponde la “Formación Ischigualasto”, que ocupa la parte central del valle. Algunas de estas rocas, grises y verdosas, fueron erosionadas en las formas llamadas hoy la Lámpara de Aladino, el Loro, el Hongo y el Valle Pintado.
Las mutaciones climáticas continuaron: a fines del Triásico la región era un desierto barrido por fuertes vientos y habitado por reptiles de mayor tamaño y más evolucionados que los anteriores. La Formación Los Colorados, que forma las imponentes barrancas rojizas al N del valle -y que se continúa en Talampaya- es el resultado de este último periodo.
Finalmente, mucho después -hace apenas unos 70 millones de años- comenzaron los movimientos de la llamada “orogenia andina”, cuyos empujes provocaron basculamientos, fracturas, plegamientos y deslizamientos, ascensos y descensos de antiquísimos bloques cristalinos -que formarían las sierras que hoy circundan la región- y de las mucho más recientes capas de sedimentos. Desaparecidos los grandes reptiles- ya en el Holoceno (últimos 10000/12000 años)-, el valle se pobló de pumas (q.v.). guanacos (q.v.), maras (q.v.) y un nuevo tipo de animales, descendientes de los dinosaurios: las aves, cuyos ejemplares más vistosos en el valle son los cóndores (q. y.) y los ñandues ( En cambio, de los reptiles propiamente dichos, sólo quedan pequeños lagartos y lagartijas, y dos tipos de serpientes venenosas (q.v.): la yarará y la coral).
El hombre llegó hace apenas unos pocos miles de años y sembró la zona con pinturas rupestres, petroglifos y puntas de proyectil. Recién en la segunda mitad del siglo pasado aparecieron los científicos, y hace poco más de una década se registró en el valle la última mutación de su fauna, con la llegada de los turistas.
En el lugar no hay más infraestructura que la casa de los guardaparques y un pequeño museo de sitio, por lo cual el viajero debería llevar sus bebidas y provisiones si así lo cree necesario. La vuelta por el parque natural se hace en auto con un guardaparque, que si es preciso, forma una caravana de visitantes. El circuito es de unos 40 km y se tarda alrededor de 4 horas en recorrerlo. Quien desee pernoctar en la zona puede elegir entre San Agustín del Valle Fértil, Pataquía y Villa Unión | |
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